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miércoles, 22 de octubre de 2008

Tres meses de cárcel por hacer el amor en la playa

Una pareja británica, declarada culpable en Dubai de "mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio" y de "indecencia"

Tres meses de cárcel, 1.000 dirhams (unos 200 euros) de multa y deportación de Dubai tras cumplir la condena. Tal ha sido la sentencia del juez para la pareja de británicos detenidos el pasado julio en una playa de ese emirato por "mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio, indecencia pública y embriaguez".

El caso ha puesto de relieve la creciente tensión que el rápido desarrollo económico y turístico plantea a las conservadoras tradiciones locales de este pequeño emirato. La pareja ingresó ayer en prisión.

"Este veredicto no tiene sentido. Voy a recurrirlo", declaró el abogado de la pareja, Hasan Mattar, citado por la agencia Reuters. Tanto Michelle Palmer, de 36 años, como Vince Acors, de 34, se declararon inocentes durante el juicio.

Ayer, ninguno de los dos estuvo presente cuando el juez Hamdi Mustafa Abu-el-Jair leyó la sentencia. Un portavoz judicial ha explicado que "serán encarcelados y luego deportados por los delitos de relaciones sexuales fuera el matrimonio e indecencia pública". La multa corresponde al de embriaguez.

El fiscal Faisal Abdelmalek Ahli se ha mostrado decepcionado con la sentencia que, en su opinión, debía de haber sido "entre seis meses y un año para un delito como éste". La relativa benevolencia del fallo parece enviar un doble mensaje a la población extranjera que supera el 80% del total.

Por un lado, deja claro que deben respetar las leyes locales; por otro, evita un escarmiento que pudiera ahuyentar a inversores y turistas.
Situado en la conservadora península Árabiga, Dubai, uno de los siete miembros de la federación de Emiratos Árabes Unidos, ha conseguido destacarse del entorno gracias a su apuesta por la diversificación económica y su apertura hacia el exterior.

Su éxito como centro de negocios no sólo le ha convertido en un modelo para sus vecinos sino que ha atraído a profesionales de medio mundo y a un creciente número de turistas fascinados por las compras libres de impuestos y el buen clima.

Las autoridades del emirato siempre se han mostrado muy tolerantes con las costumbres occidentales. No hay restricciones al consumo de alcohol (prohibido en la vecina Sharjah, Arabia Saudí o Kuwait, y limitado con un sistema de licencias en otros países de la zona) y en sus playas se ven bañadores mínimos inimaginables en los arenales de Omán, que también está desarrollando la industria turística.

Pero con una población autóctona que apenas alcanza el 20% del 1,2 millones de residentes, muchos nacionales empiezan a sentir que su ambición por convertirse en una metrópolis cosmopolita corre el riesgo de eclipsar sus tradiciones y entra en contradicción con lo que consideran culturalmente aceptable.

A pesar de que en sus centros comerciales pueda verse a británicas y rusas en pantalones cortos y camisetas, las emiratíes siguen cubriéndose con la tradicional abaya (una amplia capa negra que oculta las formas de su cuerpo) y la mayoría de los hombres viste la dishdasha (túnica blanca).

"El umbral de tolerancia en esta gran ciudad y país se ha ido forzando y desafiando con acciones como tomar el sol desnudo, besarse en la playa y otras actividades sexuales en espacios públicos. Tal vez sea el momento de trazar una línea y decir: Basta ya", escribía el editorialista del Khaleej Times en referencia a la campaña de moralidad que las autoridades lanzaron tras el incidente de la pareja británica.

De acuerdo con la versión oficial, un policía sorprendió a Acors y Palmer manteniendo relaciones sexuales en la playa de Yumeirah, una de las más populares del emirato. Al parecer la mujer, en evidente estado de embriaguez, trató de agredir al agente cuando les recriminaba su comportamiento.

Ambos terminaron en el cuartelillo. Más tarde, admitirían haber bebido, salían una fiesta con barra libre de champán, y estar besándose, pero nada más.
Desde entonces, policías de paisano patrullan entre los bañistas y las sombrillas.

Además, se han instalado carteles para recordar a los visitantes occidentales y residentes extranjeros que a pesar de su modernidad, la ciudad-estado sigue siendo un país musulmán con valores tradicionales. Los avisos en árabe, inglés y otras lenguas advierten de que no está permitido el top less o cambiarse de ropa en público.

Fuente: El Pais (España)

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