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miércoles, 26 de junio de 2013

Quiso asaltar un patrullero, fue procesado

El sospechoso actuó armado con un cuchillo y con un chico de 15 años, inimputable. Por las balizas, habían confundido el móvil con un remisero.

De noche, en una zona poco iluminada y de escaso tránsito, un auto blanco con las balizas amarillas encendidas no es sinónimo de taxi, remís o buen conductor que advierte sobre una probable detención. Una tercera opción a descifrar en esas particulares circunstancias nocturnas, es que el rodado en cuestión sea un móvil policial. Sin embargo, esta última variante en aquel cuadro significativo no fue contemplada por dos sujetos armados, con un gran cuchillo y un caño de bicicleta usado como ‘escopeta’, que quisieron hacerse de algunos pesos y otros bienes en un asalto exprés a la 1 de la madrugada del 12 de mayo en el barrio Patetta, Chimbas.

Convencidos de que estaban frente a un remisero, saltaron raudos detrás de un gran árbol, se atravesaron con cara de pocos amigos en medio de la ripiosa calle Chubut al Oeste de Tucumán, y enseguida lanzaron el típico fraserío para intimidar y aniquilar cualquier resistencia: ‘parate la c... de tu madre, dame la guita o te quemo, dale gil, dale’, exigió el mayor de los asaltantes.

Pero en el acto la situación trocó a sobresalto para esos sujetos, que a toda carrera huyeron por el baldío de la exvilla General Benavídez, en Chimbas. Fue la reacción más sensata, pues ante las primeras amenazas se encendió otra baliza, cegadoramente azul, y del auto bajó un hombre que les pidió tirarse al piso y arrojar las armas que tenían, además de aclarar un punto hasta entonces no tenido en cuenta por los ladrones: sus pretendidas víctimas eran nada menos que su contracara, policías.

Eran el oficial José Luis Rojas y el agente Mauro Martínez del Comando Radioeléctrico, quienes habían encendido las balizas del patrullero para avisar de su detención en Tucumán y Chubut, ante el requerimiento de una vecina que los alertó sobre la sospechosa presencia de dos sujetos en la zona.

Los policías olvidaron apagar las balizas y avanzaron así unos metros, hasta que se les cruzaron el sujeto del cuchillo, Fernando Gabriel Fernández Castro (19 años) y su cómplice de 15 años, ambos apresados tras una corta persecución.

Ante el juez del caso, Alberto Benito Ortiz (Primero de Instrucción) Fernández Castro ensayó luego la más lógica de las justificaciones para zafar: ‘les dije parate la c... de tu madre, porque me echaron el auto encima. Hay que estar muy loco para asaltar un patrullero’, declaró.

Sin embargo, el juez Ortiz no dio crédito a esa versión. Creyó que las pruebas reforzaban claramente el desopilante intento de robo a mano armada contra los policías. Y resolvió dictar sobreseimiento contra el menor por ser inimputable: la ley en Argentina contempla que quien tiene menos de 16 años no puede ser castigado, por más grave que sea el delito que cometa.

En cambio, dictó prisión preventiva contra Fernández Castro, pues la escala del delito que le atribuye no permite la excarcelación: se castiga con penas de entre 5 y 15 años, dice el fallo. Quizá ahora este joven tenga más claro las múltiples opciones a la hora de descifrar qué significa un auto blanco con balizas encendidas, de noche y en una zona poco iluminada.

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